Hace algunas noches me llevé una sorpresa muy desagradable. Mi mamá me aviso que el museo nacional de Río de Janeiro estaba siendo consumido por las llamas.

No soy carioca, no soy brasileña, pero aún así sentí un gran pesar en el alma al pensar que parte de la historia de la humanidad había desaparecido en el abrazo de las llamas.

¿Quieres que te cuente la parte más triste de esta historia? Tengo 7 meses en Río de Janeiro y no lo había ido a visitar, era una de esas visitas que tenía marcadas como pendientes pero que por una u otra razón había postergado.

Ya no hay mañana para disfrutar de las piezas maravillosas que nos contaban en silencio parte de la historia, mi hijo ya no va a poder ver el espléndido esqueleto de dinosaurio que se perdió, ni el esqueleto de Luzia, o el meteorito de Bendegó; tampoco podremos apreciar la mayor colección de arqueología egipcia de América Latina, entre otras tantas piezas importantes de la historia.

Sinceramente siento mucha tristeza. Brasil es un país de gran belleza natural y su gente es muy cálida y entusiasta. Sin embargo es un país que como el nuestro (México) sufre de una inseguridad creciente y un gobierno corrompido; la situación actual del país es preocupante.

Río de Janeiro con sus famosas playas, su historia y su modernidad que se encuentra con la grandiosa infraestructura que se construyó para Río 2016, es una ciudad en la cual hay que tener precaución. No te lo digo yo por ser extranjera, te lo dicen las maravillosas personas que conoces en el día a día. Aquellas que con tristeza en la mirada te dicen: –¿Le esta gustando Río? Río es muy hermoso, pero, debe tener cuidado.

Te lo dice la ciudad misma, lo dice el recorrido que he hecho ya bastantes veces mientras tramitaba mi visa, ese que va desde la zona sur (la zona “segura”) pasando por el centro y la zona norte (la zona más peligrosa) llegando al aeropuerto Internacional de Galeao. Ese recorrido grita tristeza, grita miedo, grita pobreza, pide atencion.

Mucho se ha dicho los últimos días sobre lo que causo el incendio del museo nacional, pero lo más impactante para mi es que toda esa riqueza se perdió porque el edificio no contaba con sistema contra incendios. El presupuesto “no alcanzaba” así que algunos políticos decidieron recortarlo.

Incendio consume el museo nacional de Río de Janeiro

¿Qué importaba preservar parte de la historia de la humanidad? Ya habrá tiempo y dinero para eso, pensaron. Pero lo cierto es que, no, el museo nacional de Río de Janeiro ya no tiene tiempo, la riqueza histórica que albergaba se ha perdido.

Igual que como se esta perdiendo la ciudad maravillosa, esa que me encanta, esa que enamora. Su gente sufre y tiene miedo pero ni eso los hace perder la sonrisa, supongo que es porque tienen esperanza, porque tienen sueños y fe.

Cuando suceden esta clase de perdidas (perdidas que duelen) a uno le sale la vena consciente y reflexiona. ¿Sabes que aún no he visitado el Cristo Redentor? Lo veo todos los días desde mi ventana, es una vista fantástica pero tal vez por esa cercanía que siento con él aún no he hecho el recorrido turístico. Hasta hace unos días estaba muy tranquila diciendo –Luego vamos.

Seguramente estoy siendo exagerada pero me siento como el amante que no dijo un te amo, o el hijo que no dio un abrazo antes de marcharse. Qué importante es NO POSTERGAR, no dejar para luego los viajes, los paseos, las llamadas, los te quiero.

He leído por ahí –Por lo menos logré visitarlo. ¡Cierto! Esas personas fueron afortunadas, pero el tema es más profundo que “visitarlo”. Lo realmente necesario era preservarlo, estudiar lo que se resguardaba bajo su techo. Que esas maravillosas piezas siguieran contando historias, que nos ayudaran a descubrir más sobre nuestra existencia de lo que ya sabemos.

¡Que tristeza dan nuestros gobiernos! Esos que no se preocupan ni por la historia pasada, ni por la historia que dejan.

Somos madres, debemos aprovechar todos los momentos de nuestra vida para hacer la infancia de nuestros hijos memorable, entrañable.

Estamos formando en nuestros hogares el futuro de nuestros países, esta en nuestras manos enseñarles amor por su historia, por sus raíces. Amor por el conocimiento, conciencia de la preservación de nuestras riquezas naturales y culturales.

Los conocimientos transmitidos son constancia de nuestra estancia en este mundo

La vida pasa en un parpadeo y solo los libros, el arte, los conocimientos transmitidos darán constancia de nuestra estancia en este mundo.

Demos, que dar enriquece. Demos amor, tiempo y transmitamos nuestros conocimientos. ¿Cuánto tiempo has pasado últimamente con tus seres queridos? ¿Cuál fue el ultimo museo que visitaste con tus hijos? ¿Cuál fue el ultimo libro que leyeron juntos? ¡Vamos a esforzarnos juntas! ¿Qué opinas, te apuntas?

Yo seguiré dando mi mayor esfuerzo desde mi trinchera, haciendo lo mejor posible mi papel como madre y como ciudadana del mundo. Y he vuelto a recordar aquello que ya he aprendido antes: ¡No postergues Erika! ¡Vive! ¡Ama y amate! que la vida es corta.

Y bueno, creo que daré prioridad a recorrer de una los museos, que nunca se sabe cual otro estará en peligro latente debido al “presupuesto insuficiente” con el que cuentan nuestros gobiernos.

Imagen: PSN en línea