La semana pasada estuve de cumpleaños, dejé atrás los 28 y entré en los tan esperados 29.  ¿Qué porque tan esperados? Esa es una larga historia.

Cuando tenía 6 años supe lo que significaba la muerte. Un año antes, había fallecido mi bisabuela, la mamá de mi abuela paterna. Tengo una imagen tan grabada del día de su entierro, recuerdo a dos de mis primas de la misma edad llorando desconsoladamente. Yo no lloré.

Si me sentía un poco triste pero consideraba que la muerte de mi bisabuela era algo normal. No sé como pero ya a esa edad sabía que los mayores debían partir. Por esa razón todo tenía sentido, mi abuelita había partido pero así debían ser las cosas.

Cuando descubrí la muerte

Sin embargo, a punto de cumplir 7 años, la “muerte” me dio en la cara, no sólo los mayores se van, también pueden partir las personas jóvenes e incluso los niños. Entendí que el morir no es algo exclusivo de las personas mayores.

Ese año, 17 días antes de mi cumpleaños, uno de mis tíos,  hermano de mi mamá, falleció en una muerte trágica. Pasó por hospitalización, estado de coma y una rápida y supuesta recuperación que terminó en su fallecimiento.

Fui testigo de todo el proceso, el cual tuvo un gran impacto en mí. Recuerdo que en aquella época mi hermana menor tenía 5 meses (apenas una bebé), y yo en mi propia inocencia infantil y desesperación al verla reír me enojé, ¿cómo podía ser que ella reía mientras los demás lloraban?

La muerte me dio una bofetada, tarde mucho en asimilarlo y superarlo. Sin embargo, en esa tragedia algo de mi inocencia ante la vida y la muerte murió.

¿Por qué tan esperados?

Mi tío al morir tenía 29 años. De ahí lo de tan esperados 29 para mí. Desde que entré a los 25 se volvió una cuenta regresiva alcanzar la edad a la que murió mi tío.  Un gran temor aún me invadía. Y no porque no haya superado su muerte, la superé.

Superé el dolor y la pérdida que sufrió la  niña de 6 años, sin embargo, hace algunos meses comprendí la pérdida de aquel ser querido desde la perspectiva de un adulto, o de un casi adulto.

Lo volví a sufrir de una forma totalmente diferente, me cayó el 20 como suelen decir. Ahora lo sufrí un poco por mi tío. Yo estaba a punto de cumplir la edad máxima que el cumplió y aún me siento una niña en ciertos aspectos.  Tengo tantos planes, tantas cosas por hacer, el ya no pudo.

Fue triste comprender que le había faltado tanto por vivir, que como siempre lo único que me ayudó a sobrellevarlo fue la fe. Yo decido creer que por algo pasan las cosas, y que todo tiene una razón de ser.

Soy una fiel creyente de la vida eterna y creo que eso es lo que me ayuda a darle sentido a la vida que tenemos, porque considero totalmente imposible que todo se acabe con la muerte física.

La vida y la muerte ¿pueden ser un regalo?

La vida y la muerte, esos dos estados de los cuales he aprendido a estar agradecida. La vida es maravillosa, sin embargo, cuando me ha tocado ver a alguien sufriendo una grave enfermedad me he dado cuenta del aspecto liberador que tiene la muerte.

No te digo que no sufro por la muerte de alguien, tampoco te digo que no temo que mis seres amados tengan una muerte prematura, pero decido creer que existe algo eterno.

Estoy sumamente agradecida y feliz por estos 29 años que para algunos pueden ser muchos o para otros pueden ser pocos, pero para mí han sido un regalo maravilloso.

En abril me han regalado la vida y me han enseñado lo que significa la muerte.

Celebro mi cumpleaños, el de una tía y dos sobrinos. También recuerdo el aniversario luctuoso de un ser amado.

¿Cuál es tu percepción de la vida y la muerte? ¿A qué edad comprendiste lo que significaba morir? ¿A qué edad consideras hablarles sobre la muerte a tus hijos? Me encantaría escuchar tu opinión y experiencias en los comentarios. Te envió millones de besos, Dtb.

Foto: Ignacio Gómez Cuesta