Cuando me convertí en madre aprendí a tener fe, no recuerdo bien en que momento de estos dos años y medio que Dios me ha bendecido siendo la  madre de AJ fue que me di cuenta. Pero lo importante es que lo comprendí, Dios es maravilloso y seguro que existe, tenía a mi hijo entre brazos, y finalmente me convencí de su promesa, la vida eterna existe.

Dios no es cruel, puede ser un Dios celoso, pero no cruel, y me había permitido tener a mi hijo entre brazos, porque definitivamente, Él puede cumplir su promesa de una vida eterna, sino, ¿porque permitirme sentir tal amor por otro ser?

Si tú eres madre debes saber de qué clase de amor puro e incondicional te estoy hablando. Porque a pesar de los altos y los bajos, el amor de una madre por sus hijos es así, o por lo menos lo es el mío por AJ.

Es un amor que incluso llega a doler porque sabes que no tienes el control de ese otro ser, sabes que él decide qué hacer con su vida y por el momento puedes tenerlo en la mira y controlar sus movimientos, pero aun así, de repente y de la nada se pone en peligro.

Desde su punto de vista, el solo está experimentando y conociendo, pero desde tu lado, a través de tus ojos de madre, él está poniendo lo más preciado que tienes en peligro, él está arriesgando en un arranque infantil, su vida.

En el corto tiempo que he vivido esta maravillosa e impredecible etapa de la maternidad, he aprendido muchísimas cosas.

Aunque había dicho que no sería como mi madre (y esto no es porque sea una mala madre, es una madre maravillosa, fue la madre que Dios me asignó, así que por algo debió haber sido). Desde que me convertí en madre muchas veces me sale algo de ella.

Aprendí que a pesar de haber analizado millones de formas de crianza, y haber elegido el que consideré “el mejor”, implementarlo y cambiar el chip de cómo fuimos educados, es muy difícil.

Cuando me convertí en madre me di cuenta que todo es impredecible, que por más que te informes y analices la situación, la maternidad es maravillosa y única, tu historia con tus hijos jamás será ni de cerca parecida a la de alguien más.

Pero sobre todo aprendí a amar y a valorar la vida, aprendí a tener fe en algo más grande que el ego humano.

Aprendí que somos seres espirituales y que esta vida es transitoria, lo cual quiere decir que no es la única que tenemos, sino la que nos guiará a la definitiva, a la vida eterna.

Tú ¿qué aprendiste al convertirte en madre? Me encantaría que me lo cuentes en los comentarios. Te mando un besote que Dtb.