Llega un momento en la crianza de tus hijos donde te preguntas ¿lo estamos haciendo bien? Definitivamente tú pareja y tú están convencidos de que los golpes, gritos y malos tratos no harán de tu hijo una persona feliz.

Sin embargo seamos sinceras, el cambiar el chip no es nada fácil.

Muchos de nosotros fuimos criados bajo el lema de que una nalgada a tiempo resolverá todo el problema, y que si no la das, seguro lidiaras con un adolescente problemático y un futuro parásito para la sociedad.

Aun así, seguro que te has leído toda la biblioteca sobre la crianza respetuosa, y sabrás que las nalgadas no solo dañan la autoestima de tu hijo, sino que también tienen repercusiones físicas.

Cuando se empieza en el camino de ser padres, todos, y con esto me refiero a todos, tendrán algo que opinar sobre tu método de crianza, incluso el tortillero que ni siquiera sabe tu historia familiar, pero aun así, si de repente estabas comprando las tortillas y escuchó a tu niño comenzar con una rabieta, ahí va luego luego a dar su maravillosa y muy constructiva opinión.

¿Qué hacer ante los opinólogos?

Simple y sencillamente un filtro, escucha con oídos comprensivos, como si escucharas a un niño.

Mi consejo, si estas de ánimos defiende tu punto de vista, pero si no es así, ni te canses en explicarles porque estás haciendo las cosas de determinada forma, puesto que ellos siempre, pero siempre, tienen la razón.

Entonces si empiezas a querer defender tu punto de vista, seguro entrarás en una lucha demasiado cansada e innecesaria, recuerda que anoche solo dormiste unas cuantas horas y que tu retoño jugará todo el día, así que no gastes energías en cosas innecesarias.

¿Cuándo se pierde la paciencia?

Tu niño está más inquieto que de costumbre, tira cosas, no te escucha y parece que tu método no está funcionando, tu esposo voltea y te ve como diciendo: ¿lo ves? creo que estamos haciendo las cosas mal.

Y por si fuera poco dentro de tu cabeza retumba aquel maravilloso comentario que te dijo un buen opinólogo de “Con esos métodos echaras a ese niño a perder, en mis tiempos…”

Eso me pasó hace poco, en casa mi pequeño torbellino estaba inquietísimo, y un día perdí el control, puedo decirte que me siento totalmente avergonzada de mi horrible comportamiento, creo que podría decirse que maltrate a mi hijo psicológicamente, le grite y me vio perder el control.

Después vino una buena discusión con mi amado esposo, entramos en un debate sobre nuestra elección de crianza.

Me sentía fatal, creía que él no me apoyaba y que toda la responsabilidad recaía sobre mis hombros.

Pues así estuve unos cuantos días convirtiéndome en lo que no quería, regañando a mi hijo, prohibiéndole cosas e incluso gritando, te cuento que mi garganta aun lo reciente, mi estrés llegó a tanto que incluso me enfermé físicamente.

¿Cuál fue el resultado?

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Golpear a nuestros hijos porque queremos educarlos, solo les enseña que quien los ama, puede dañarlos, menospreciarlos, en fin herirlos, porque los ama y quiere lo mejor para ellos.

El comportamiento de mi hijo no mejoró en absoluto, al contrario, el niño se volvió en un día o dos más demandante e intolerante.

Yo estaba irritable con mi esposo y el conmigo, sentía que se me estaba obligando  a hacer algo que yo no quería, y que él estaba feliz ya que el sentía que al fin estábamos actuando de la forma correcta.

Y aun así el niño no hacía caso, las amenazas no funcionaron en absoluto, nada había mejorado.

Al contrario, y mi arrepentimiento subió hasta las nubes, me pasó como les pasa a los adictos, toque fondo.

¿Cómo lo solucioné?

Me perdone, e incluso pedí perdón a mi hijo por mi horrible comportamiento, mi esposo y yo platicamos una y otra vez, hasta que medio llegamos a un acuerdo.

Decidimos que:

Nada ni nadie debe influir en la forma de crianza que hemos elegido para nuestros hijos. Ni siquiera nuestros hijos mismos. A que me refiero con que ni siquiera nuestros hijos deben influir.

En ocasiones nuestros peques se ponen insoportables, nada les gusta, en ese momento es cuando nos toca respirar profundamente y mantener la calma, nosotros somos adultos y debemos estar capacitados para lidiar con la desesperación y el enojo.

Ellos son pequeños, apenas están aprendiendo esas capacidades, y somos nosotros los adultos que estamos a su alrededor, los que les enseñaremos a manejar estos sentimientos.

En nuestro caso comenzamos a tratar de nuevo a nuestro pequeño con todo el amor, que él se merece, fuimos comprensivos, reorganice mi agenda, baje mi ritmo de trabajo, papá reorganizo su trabajo y comenzó a llegar un poco más temprano a casa.

¿Y  qué crees?

Las cosas mejoraron, los niños solo necesitan sentirse el centro de nuestro mundo,  le explico que necesito trabajar por un momento, pero al mismo tiempo trato de estar atenta a sus necesidades y lo tengo a mi alrededor.

Aun así no somos permisivos cuando empieza una rabieta, dependiendo de cómo lo observamos, le explicamos cariñosamente que lo sentimos y que lo amamos, pero que no puede obtener ciertas cosas, o simplemente esperamos y cuando se tranquiliza platicamos con él.

El niño sigue siendo inquietísimo y demandante, ¿qué puedo hacer?, es un niño sano que quiere conocer el mundo, él no sabe de límites, quiere explorar, no conoce el miedo, no sabe que lo puede o no dañar.

Ese es nuestro trabajo, irle explicando y enseñando todo lo que lo rodea, que está bien y que está mal, pero todo esto con mucho amor.

Si esta tarea te resulta difícil o sientes que definitivamente no puedes cambiar el chip, busca ayuda, asistir a terapia no es vergonzoso, no te hace loco, al contrario, desde mi punto de vista te convierte en una persona valiente y luchadora que quiere mejorar su forma de vida.

Criar a nuestros hijos no debe ser doloroso ni significar una frustración, solo que si requerirá un gran esfuerzo y perseverancia. En ocasiones sentirás que el mundo se viene encima, pero te aseguro que será momentáneo puesto que al ver a tu pequeño sabrás que vale todo el esfuerzo.

Cambiar el chip es una tarea titánica, pero es necesario que las personas involucradas directamente en la crianza del pequeño se encuentren en la misma frecuencia.

Como siempre, espero que mi experiencia te ayude a no sentirte tan solo en este maravilloso pero complicado mundo de la maternidad (paternidad), saludos que Dtb.

Foto: jazbeck